Tras los pasos del único alcalde abiertamente gay de Polonia

El pasado 5 de septiembre, Robert Biedron (42) anunciaba la creación de su propio partido político, "a favor de la democracia", y contra el actual Gobierno ultraconservador en el poder. © Jakob Ganslmeier

Progresista, a favor de la acogida de refugiados, ateo, homosexual… Algunos lo tienen por el mismísimo diablo, pero para otros, Robert Biedroń es todo un salvador. El primer alcalde homosexual de Polonia ha devuelto a los habitantes de Słupsk, al norte del país, el orgullo por una ciudad ahogada en la bancarrota. Su nueva misión: desbancar a la ultraderecha del Gobierno central y cambiar el rumbo de Polonia.

De camino al trabajo, Robert Biedroń pasa al lado de la iglesia de Santa María. Delante del templo, se encuentra a un grupo de señoras mayores acompañadas por Jan Giriatowicz, un expárroco nonagenario muy conocido en la ciudad. Los fieles se reúnen cada mes enfrente del ayuntamiento para rezar un rosario por la ciudad de Słupsk, al norte del país, y «por la redención por el pecado de sodomía» del gobernante de la ciudad. Biedroń los saluda mientras les lanza una sonrisa. «Recemos por el señor alcalde», ordena Giriatowicz. El cura, las santurronas y Biedroń, un ateo empedernido, se cogen de las manos y oran juntos.

Esta simbólica escena permite comprender por qué este controvertido «ultraizquierdista» y «celebridad homosexual», tal y como le definen sus enemigos, tenía en el bolsillo el ganar las elecciones de este otoño a la alcaldía de Słupsk. Sin embargo, en el último momento, Biedroń ha decidido cambiar de planes. A primeros de septiembre, anunciaba que no se presentaría más como alcalde de la ciudad para enfocarse en la creación de su propio movimiento con el que hacer frente, a nivel nacional, al partido gobernante de Ley y Justicia (pl. Prawo i Sprawiedliwo – PiS), de carácter xenófobo, ultraconservador y populista. La popularidad de Biedroń choca de lleno con el ascenso en todo el país de las ideas conservadoras del PiS, pero en Słupsk los habitantes confiesan haberle cogido cariño a su alcalde. Pasan por alto que haya venido de la otra punta de Polonia y que sea homosexual, lo cual es toda una deshonra para la imagen de un político polaco.

«Podemos discrepar, pero deberíamos buscar algo que nos una», dice Biedroń, comentando la escena que ha ocurrido delante de la iglesia. «Al lado del ayuntamiento se han reunido unos testigos de Jehová. Ellos no me votan porque consideran la homosexualidad como un pecado grave, así que podría haberlos ignorado. Pero les he instalado un banco. Mi responsabilidad como alcalde es hacer que se sientan bien en mi ciudad». Con ese tono de voz tan suave y una sonrisa tan afectuosa, cualquiera puede decir que, en un fondo arquitectónico como el del ayuntamiento, que engalana el despacho del alcalde con vidrieras de hace 127 años, Biedroń parece un sacerdote. Pero, para llegar hasta aquí, hay que pasar por un pasillo lleno de fotos de mujeres y hombres semidesnudos (son parte de una exhibición temporal de un joven fotógrafo de Słupsk). Además, en la estantería se puede apreciar una foto de Biedroń acompañado por su pareja.  

Un alumno muy diligente

El mundo conoció a Biedroń en 2011, cuando este activista LGBT+ se convirtió en el primer diputado abiertamente homosexual de Polonia. Tres años más tarde, ganó las elecciones a la alcaldía de Słupsk, una pequeña ciudad de la provincia de Pomerania, al norte del país. Słupsk se dio a conocer por primera vez en el año 1998, cuando en la ciudad estallaron unos disturbios entre hinchas y policías. Ahora, debido a la presencia de Biedroń, la ciudad no deja de salir en los medios de comunicación.

«Cuando se presentó a las elecciones no creía que tuviera ninguna oportunidad», dice Cezary Piechociński, autor de libros sobre Słupsk y propietario de una colección de autobuses urbanos de la década de los ochenta. «No me caía bien. Me parecía un provocador descarado. Sin embargo, voté por él y volvería a hacerlo. Biedroń ha madurado. Se ha ganado a la gente con su capacidad de conversar, tiene un estilo de alumno diligente. Su predecesor, Maciej Kobyliński era borde y mandón».

Piechociński ve sólo una ventaja del alcalde anterior sobre Biedroń: «Kobyliński cuidaba de la estética. Era como un dictador: encontraba un bache en la acera y al día siguiente mandaba arreglarlo. Con Biedroń, la ciudad Słupsk se ha vuelto descuidada».

«No me caía bien. Me parecía un provocador descarado. Sin embargo, voté por él».

Biedroń es mucho más que alguien que solo causa buena impresión. A pesar de contar con un equipo reducido de 23 personas, promueve medidas ecológicas, feministas y laicas que el Partido de Ley y Justicia (PiS) combate a nivel nacional. Desafiando a la iglesia, ha introducido la educación sexual en las escuelas y ayuda a financiar los tratamientos de fertilidad in vitro. Ha renunciado a utilizar el coche oficial y lo ha cambiado por su bicicleta. Ha reemplazado la iluminación tradicional de las calles por una de bajo consumo. En el ayuntamiento se bebe el agua del grifo en el lugar de la embotellada. El alcalde ha ordenado la búsqueda de edificios abandonados para convertirlos en viviendas municipales. Sin embargo, aún no ha puesto en marcha la denominada política de descomunización de las calles con nombres de pasado soviético, una de las leyes que la oposición considera inconstitucional. Mientras que el Partido de Ley y Justicia está desmontando la separación de poderes, Biedroń imparte clases de democracia en las escuelas.

Pese a todas las críticas que recibe, Biedroń niega estar llevando a cabo una campaña en contra del partido en el poder, a semejanza de lo ocurrido en los estados gobernados por los demócratas en los EE.UU. en contra de Donald Trump. «Mi prioridad es la felicidad de los ciudadanos», declara. «Si, por su bien puedo realizar una política que debería existir a nivel nacional, entonces la hago».

No es una utopía de izquierdas. Biedroń se hizo con el poder de la quinta ciudad más endeudada de Polonia. Ha logrado disminuir la deuda e incrementar el presupuesto. El paro nunca ha estado en términos tan bajos, ahora es de un 4%. Pero la situación financiera, sin embargo, impuso la necesidad de ralentizar las inversiones en infraestructuras, lo cual causó el descontento de muchos habitantes. A lo que le siguió un aumento en los alquileres de los pisos municipales.

¿Vive Słupsk una nueva primavera?

En la iglesia de Santa María acaba de terminarse la misa de la tarde. Por la puerta salen varias niñas con vestidos blancos de comunión. Mientras, en el pasillo, unos ancianos enrollan varios ornamentos y el vicario Robert Górski se despide de los fieles en la entrada. Al preguntarle si le molesta el ateísmo de Biedroń, responde: «Él insiste en separar la Iglesia del estado, aunque podría ser más ostentoso con eso. Tampoco me molesta  su tendencia sexual. Pero Słupsk no está bien, le faltan inversiones. Antes trabajé en Koszalin, Kołobrzeg. Y estas ciudades florecían», dice el cura.

Una opositora de Biedroń, un tanto más feroz, descansa sobre un banco en el parque de Waldorf. Esta pensionista lanza una letanía de quejas que parecen las balas de una ametralladora. La habitante de la calle Prosta, tal y como quiere que ser presentada, es partidaria del alcalde anterior, el cual «simplemente no podía ser un mal gobernante, porque era de aquí». Mientras que «a Biedroń no le importa Słupsk, él quiere ser alcalde de Varsovia». «Antes teníamos aquí a un parque precioso, ahora todo esto está lleno de vagabundos» (en este momento están sentados en el bulevar de al lado), «han desaparecido las rosas» (las flores se pueden encontrar en otros parques de Słupsk), «los bancos están raspados» (se pintan con regularidad), «ha desperdiciado el dinero para nueva iluminación, las aceras están llenas de baches» (el estado de las aceras de Słupsk es similar a las condiciones de aceras de otras ciudades), «ha tirado el retrato de Juan Pablo II» (no lo ha tirado sino que lo ha entregado a la catedral). La lista de acusaciones es larga.

Basta con preguntar a los jóvenes para escuchar opiniones totalmente diferentes. «El alcalde anterior era un ladrón. A Biedroń no le podemos acusar de nada, es un hombre fantástico», dicen las veinteañeras Zuzanna y Anna que acaban de salir a la Plaza Mayor con un bebé. Gracias a él Słupsk ha revivido. Como prueba, las mujeres señalan con el dedo una construcción levantada en la zona para que los hinchas puedan ver los partidos del Mundial de fútbol.

«Cuando se presentó a las elecciones, mis hijos mostraron interés en la política. Los jóvenes han empezado a estar orgullosos de Słupsk, su ciudad».

¿Qué tiene esta ciudad de excepcional para haber elegido a un alcalde tan innovador? Michał Tramer, el director del Teatro de Marionetas «Tęcza» reconoce que en el año 2014 pocas ciudades polacas estarían preparadas para un alcalde homosexual, «aunque ahora, gracias a Biedroń, podría ser un fenómeno más frecuente (…) En Słupsk no hay el nacionalismo típico de otros sitios, se percibe tolerancia. Quizá esto tenga que ver con la multiculturalidad. La cercanía del mar abre la perspectiva al mundo», sugiere Tramer. La derecha nunca ha sido muy popular en Słupsk, de hecho, es algo propio de la mayoría de los  antiguos territorios de Alemania. Según las encuestas, Słupsk tiene el índice de calidad de vida más alto que otras ciudades, los descontentos son aquellos que votan al Partido de Ley y Justicia (PiS).

«Biedroń hace visible el lado bueno de la ciudad», dice Daniel Odija, el escritor más conocido de la ciudad. Estamos conversando en una cafetería, y es precisamente gracias a Biedroń por lo que Słupsk cuenta cada vez con más sitios de este estilo. «Cuando se presentó a las elecciones, mis hijos mostraron interés por la política. Los jóvenes han empezado a estar orgullosos de su ciudad».

Se puede esperar que el «efecto Biedroń» cambie la tendencia a abandonar la ciudad. Al principio de este siglo, Słupsk contaba con 100 mil habitantes, ahora con 87 mil. Según el alcalde, el orgullo de tu ciudad es sin duda, «el primer paso para atraer a inversores y nuevos habitantes, lo que generaría un desarrollo». Su idea para el crecimiento de la ciudad es la inversión en la cultura. Tramer y Odija también consideran que la cultura es una oportunidad para Słupsk, que puede atraer a los turistas que pasan sus vacaciones en la costa del mar Báltico, a una distancia de 18 kilómetros. Biedroń ha sustituido los viejos directores de los teatros por unos de una generación más joven. Uno de los recién llegados es precisamente Tramer. «He llevado a cabo una renovación general, estoy buscando financiación externa. A lo largo de dos años y medio, han tenido lugar 13 estrenos», presume este hombre con barba y una camiseta de los Sex Pistols.

La ciudad cuenta ya con muchas inversiones culturales, pero aún así está edificando otro teatro. En verano, en el parque Waldorf se organizan conciertos filarmónicos. «No tenemos otra alternativa aquí, tenemos que apostar por inversiones o por la cultura. Si la ciudad no es atractiva, nadie querrá hacer negocios», dice el alcalde.

Gracias a diferentes trabajos de renovación, la ciudad ha comenzado a construir nuevos edificios. © Jakob Ganslmeier

A una distancia de tres minutos desde el ayuntamiento está ubicada la calle Długa, representada en el libro más conocido de Daniel Odija, titulado Ulica. Una de las paredes se ha decorado con una cita del libro. Hace tiempo, el sitio era un tanto peligroso, pero esa fama ya es historia. Es en esta calle, más que en ninguna otra parte de Słupsk, llena de preciosos edificios secesionistas, donde se nota que la ciudad está en plena transformación. Las casas se dividen entre las renovadas y otras que todavía están esperando su turno. El lugar está rodeado por garajes con puertas de madera, un símbolo de tiempos pasados. A nadie le sorprende aquí un vecino que se tambalea hacia la recién abierta tienda para comprarse otra cerveza. Sólo el alcalde despierta un cierto interés al posar para Cafébabel, con una pared raspada de fondo.

«Todas las casas se van a ir renovando paso a paso. Allí vamos a edificar dos nuevas», indica Biedroń. «La gente se queja de que derrumbemos sus almacenes de madera. Pero es que no los van a necesitar porque van a tener la calefacción central».

«¿Y cuándo le va a tocar a la calle Prus?», pregunta uno de los obreros, «estoy ya harto de subir el carbón a la tercera planta».

«Tenéis que esperar, hay muchos edificios como este», responde Biedroń. De camino, lanza sonrisas, les saluda a todos. Enfrente del ayuntamiento ayuda a que un niño se suba a un columpio con forma oso, símbolo de la ciudad. Si nos topáramos con una anciana, seguramente la ayudaría a cruzar la calle.

Los ciudadanos de Słupsk deben aceptar que las ambiciones de Biedroń van más allá Słupsk. Los sondeos revelan que si se presentara a las elecciones para  presidente de Polonia, ocuparía la tercera posición, después del presidente actual Andrzej Duda y Donald Tusk, quien, al acabar su cargo como presidente del Consejo Europeo, seguramente volverá a gobernar la oposición. Biedroń es muy activo en los medios de comunicación, tiene encuentros por toda Polonia, viaja al extranjero. Alguien ha calculado que durante sus dos primeros años de alcaldía, ha viajado tres veces alrededor del mundo. Algunos utilizan este hecho como una acusación, pero sus partidarios aseguran que, «independientemente del lugar en el que aparezca Biedroń o de que su interés sea promocionarse a sí mismo, acaba haciéndole buena publicidad a la ciudad de Słupsk».  

El mismo alcalde explica que viaja por el bien de la ciudad. «Los estudiantes de Słupsk tienen clases de patinaje gratis gracias a la empresa portuguesa (de distribución de productos de alimentación) Jeronimo Martins. También clases de programación porque fui a visitar a la empresa de Samsung y he conseguido el dinero para este proyecto», explica. «Viajo por Polonia para aprender de otras autoridades municipales y habitantes. Elijo las mejores ideas, las meto en mi mochila, las traigo a Słupsk y las implemento aquí».

Podría decir también que viaja para enseñar a los demás. «Ojalá Polonia fuera como Słupsk», repite. Pero los habitantes de Słupsk no se lo quieren entregar a Polonia. «Una fuga de Biedroń a la política nacional supondría una pérdida no sólo para esta ciudad, sino también para la idea de autogobierno en sí», suspira Tramer. «Aunque votaría por él, sin duda».

 

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